Te voy a contar un cuento

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No quisiera ser como soy, justamente, por ser quien soy. Mi destino es sufrir, solo por el error de vivir, como mis deseos mandan... deseos que transpasan la frontera, y desvirtuan mis virtudes... llevandome a ser, el monstruo del armario.

Friday, November 10, 2006

Mis galletitas!!!

Una Señora estaba en el aeropuerto esperando que salga su avión y anunciaron una demora de 2 horas en el vuelo, por lo tanto esta mujer, decidió comprar un libro y un paquete de galletitas.
Minutos mas tarde, la mujer estaba sentada al lado de otro señor que esperaba el mismo vuelo, este estaba leyendo un libro también.
La señora abre su libro y comienza la lectura, mientras tanto, ella abrió el paquete de galletitas que estaba apoyado sobre el asiento de al lado, y se dispuso a comer la primer galleta mientas leía su libro...
... De repente ella noto que el señor de al lado también saco una galleta detrás de ella.
La mujer se ofusco un poco al ver ese gesto de su vecino de asiento, pero sin mas... intento seguir leyendo y tomo otra galleta, a lo que el hombre de al lado nuevamente tomo otra galleta ....
... Así la acción se repetía una y otra vez hasta que queda una sola galleta!!! .
La mujer entonces pensó!!! , a este lo dejo a ver como reacciona ahora que queda una sola....
Lo mas curioso es ver que el hombre tomo la ultima galletita y la partió por la mitad, deposito la otra mitad en el paquete y luego se alejo de allí !!!
La mujer se puso como loca y mientras pensaba "Este tipo es un descarado, me come las galletitas y se toma la libertad de tomar la ultima y dejarme la mitad, y ni siquiera es cortés, se aleja como si nada"...
... Mientras la mujer pensaba en eso estaba dirigiendo su mano con el paquete y su media galletita hacia la cartera....En donde encontró!!! , que estaba su paquete intacto en su cartera . Y que el paquete que se había comido realmente fue el del señor desconocido que se alejo después de compartir lo suyo.

Thursday, October 26, 2006

EL NIÑO Y EL ARBOL

Cuando era niño, su abuelo lo llevaba a pasear a un parque solitario. En medio de éste había un árbol
frutal, joven y hermoso, que iba creciendo con gran impulso.

El niño miraba con asombro el verde de sus hojas cómo se iban trenzando nidos en sus ramas. Cuando la madre venía a alimentar a sus pichones, el niño se quedaba
quieto, se ponía a cantar con ella y a jugar con el árbol.

Eran felices. Jugaban juntos bajo la mirada del abuelo.
Cuando llegaba el frío y al árbol se le iban las hojas con el viento, el niño tenía que ir a la escuela.

Los dos grandes amigos se decían adiós y se citaban para el día en que se iniciase otra vez, allí mismo, el milagro de la vida. Para volver a estar juntos, jugar y escuchar el canto de los pájaros, el silbido del viento entre las ramas,
y a ser felices.

Un día, el niño no acudió a la cita. El árbol esperó y esperó. Aquel año sus frutos no fueron tan dulces, ni sus hojas tan verdes. Pasaron muchos años y el árbol se llenó de recuerdos.

Hasta que con inmensa alegría vio venir a un hombre que era el niño. Meció sus ramas y silbó de nuevo el viento.
Y aquel hombre le dijo:

- No tengo tiempo para jugar ni ser feliz. Sólo quiero dinero.

- Si eso quieres –dijo el árbol-, toma mis frutos, Véndelos. Hazte rico y vuelve a jugar conmigo.

El hombre tomó todos los frutos y se fue y no volvió.
Cuando regresó, después de muchos años el árbol se alegró mucho. Era invierno y el niño, que era un hombre,
tenía mucho frío y gritó:

- Tengo frío! necesito calentarme!

- Corta mis ramas y haz fuego con ellas. Caliéntate y luego jugaremos juntos.

El hombre cortó las ramas e hizo fuego. Entró el calor en su cuerpo y se alejó del parque dejando solo al árbol.

Volvieron a pasar otros muchos años y el árbol con su copa más alta podía ver si se acercaba el niño.

Un día llegó un hombre pensativo, con un halo de tristeza. Al tocarlo, el árbol reconoció aquellas manos, y una inmensa alegría estremeció su corazón solitario.

- ¿Porqué piensas tanto? –le dijo el árbol-, volvamos a ser niños.

- Estoy cansado de esta tierra. Quiero ir lejos, perderme en el mar, cruzar océanos, conocer…

- Ven, corta mi tronco, hazte un barco con él. Sé libre como quieres. Y así sucedió.

Cuando toda esperanza parecía perdida, apareció en el parque un anciano ya sin voz, con la misma tristeza en su
rostro. Las raíces del árbol sintieron acercarse aquellos pasos conocidos, y entendieron su lenguaje de recuerdos.

El anciano dijo ya sin fuerzas:

- Ya no quiero vivir, quiero descansar en paz.

Y el muñón, que era el árbol, dijo su última palabra:

- Ven, siéntate aquí sobre mis heridas, descansa y seamos de nuevo felices juntos.

El anciano se sentó y descansó mucho tiempo, cerrando los ojos, viviendo toda la vida de recuerdos. Y cuando sus manos quisieron acariciar el muñón del árbol, sintieron un árbol niño, una rama verde que se hacía vida nueva.
Y al mirar sus manos, eran manos de niño, y vino un ave, y su canto se esparció en el parque, y el viento silbó de nuevo.

"El que ama de verdad no sólo está dispuesto a darlo todo, sino que está dispuesto a darse."

Tuesday, October 17, 2006

El Laberinto

El lugar era oscuro y húmedo, el aire opresivo no se dejaba respirar, las paredes, altas y llenas de musgo, no distaban demasiado una de otra, haciendo del callejón, un lugar menos agradable aun. El cielo incluso, no daba esperanza alguna, siempre se veía gris y opaco, solo aves de rapiña sobrevolaban el lugar, y era extremadamente raro, ver por asomo, un mísero brillo de luz solar.

El, caminaba las callejuelas del laberinto desde hacia mucho tiempo. Tanto tiempo, que ya había olvidado como había llegado ahí. Había olvidado incluso, quien era, de donde venia o hacia donde iba. Sabia, o al menos creía (la verdad es que no estaba seguro) que no había nacido ahí. No estaba solo, es cierto, había otras criaturas en el laberinto. Varias tipos de criaturas, desde las más normales, como una rata, hasta seres mitológicos, como el gigantesco troll, que alguna vez enfrento. Conocía bien el laberinto, y sin embargo, no sabia nada de el. Sabia bien, cuales eran sus peligros, sabia ubicarse, y como llegar a lugar seguro, aunque su experiencia, le había demostrado, que el laberinto mutaba. El laberinto, según el creía, tenia conciencia, y dependiendo de lo que sentía, era como mutaba. Había ciertos lugares que no cambiaban, y en uno de ellos, tenía su guarida. Por el laberinto, muchas veces, había visto personas, personas como el, según creía, aunque muchas de ellas, no lo reconocían a él, como persona, no lo creían humano y lo llamaban por nombres extraños, según el supo después, derivados de palabras griegas. A veces, algunas de esas personas, se acercaban a el, generalmente, las mas puras y frescas, inmaduras, decían los otros. Estas personas, parecían no tenerle miedo, y él, siempre que podía, les hacía compañía y las ayudaba, con toda su experiencia, a pasar por el laberinto. Estas personas, su única compañía, nunca se quedaban mucho con el, lo más común, era que usaran su experiencia y conocimiento del laberinto, para pasar por el, y dejarlo luego, ahí dentro. Por alguna extraña razón, el sabía como conducir a los demás hacia la salida, pero el nunca había podido llegar a la puerta. Esto le pesaba, porque le tomaba cariño a las personas que se acercaban a el y era difícil verlas partir, pero esa era su entrega, ayudarlos a seguir adelante, y luego, volver a quedar solo.

Muchas veces, incluso, su bondad había sido castigada, por aquellas personas, que si le tenían miedo y huían de el. Había sufrido muchos ataques, y amenazas, solo, por ayudar a los indefensos, que no podían atravesar el laberinto solos. Más de una vez, había sido atacado, mientras guiaba a uno de ellos a través de peligrosos lugares, y los indefensos eran retirados de su lado, dejándolo a él, mal herido y solitario. Pero lo que mas dolía, era ver a esos seres indefensos, llevados por las personas, a lugares que el sabia, eran peligrosos y sin escapatoria. También recordaba todas las noches, las palabras que usaban los indefensos para llamarlo, no eran muchas, pero bien distintas, algunos incluso, no usaban palabras, sino un hermoso lenguaje corporal, que él, había aprendido muy bien, y que era muy raro ver en las otras personas mas maduras. Esas pequeñas batallas, le dieron más experiencia, más coraje, y más armas también, aprendió a entablar relación con las personas. Y si bien los maduros, nunca querían nada de el, al menos los indefensos, siempre se le acercaban.

Y seguía caminando, como siempre, en esa extraña espiral, sin ver un claro camino, pero aclarándolo a los demás. Y aun sigue, ahí caminando, y ahí seguramente seguirá.

Y si tu, indefenso, algún día te encuentras transitando este oscuro y frío laberinto, ten por seguro que es muy probable que te cruces con el. Si quieres ayuda, si quieres cariño, y sobre todo, comprensión, acércate a el, que te sabrá escuchar. No, no debes tratarlo como a un maduro, aunque en su rostro lo parezca, míralo a los ojos, y veras, que en el alma no lo es. Trátalo como a uno de los tuyos, de par a par, que el, sabrá ponerse en su lugar de maduro, sin dejar de ser uno mas. Te aseguro que te sabrá guiar muy bien por el laberinto, y de el tarde o temprano saldrás. Es probable que otros maduros quieran alejarte de el, incluso otros indefensos también. Será tu decisión, pero ten por seguro, que él siempre estará allí, dispuesto a acompañarte, a tenderte la mano.

Y por favor, indefenso, si algún día pasas por el laberinto, y te lo cruzas, dile gracias, el sabrá entender. Dile gracias por todos los indefensos que antes que vos ayudo, porque es común de los indefensos, transformarse en maduros, se olviden de el, y de cómo los ayudo a salir del laberinto.

Introduccion

Un cuento posee una introduccion, un nudo y un desenlace. Esta es la introduccion de mi blog... aca todo comienza.
Aca voy a plasmar algunos escritos, no necesariamente cuentos... algunas poesias, algunas narraciones. Algunos mios, otros no... la idea es que sea mas bien libera...
Bienvenido pues y disfruta de tu estadia, de mis locuras, de mis delirios, de mi nudo y tal vez... de mi desenlace.